


ECOCIDIO es un recorrido visual y sensorial que convoca al silencio, a la introspección, al asombro. Es un espacio donde la naturaleza herida, fragmentada, habla a través del arte; se manifiesta en ruinas de belleza, en fragmentos orgánicos, en cuerpos suspendidos entre sombra y esperanza. Con cada instalación buscamos despertar algo adormecido: la conciencia de un mundo que se descompone, y al mismo tiempo el deseo urgente de preservarlo.
La exposición reconstruye, entre materiales y vacío, la huella de las agresiones al planeta —deforestación, contaminación, destrucción de hábitats, pérdida de biodiversidad—. Pero no lo hace con un lenguaje de denuncia frío ni panfletario. Prefiere el susurro de lo poético, la resonancia de lo simbólico: hojas secas que se elevan como fantasmas de bosques perdidos; agua detenida en gotas de resina que recuerdan el valor de lo esencial; trazos de voz, sombras y luz filtrada que evocan lo sutil de lo vital.
ECOCIDIO no pretende acusar con ferocidad: propone acompañar en el duelo de lo destruido y en la posibilidad de restablecimiento. Nos invita a habitar la fragilidad del mundo, a sentir la compasión por lo que ya no será, y al mismo tiempo a activar el cuidado —individual y colectivo— por lo que aún puede salvarse. Es un rito para la tierra, una memoria de lo que fue, un acto de reverencia y resistencia.
Queremos abrir un espacio de encuentro —entre pieza y espectador, entre humano y no-humano, entre pasado, presente y futuro—. Que cada obra sea un recordatorio del lazo íntimo que nos une con los ecosistemas; un espejismo de su resiliencia, y una pregunta urgente: ¿con qué ternura queremos seguir habitando este planeta?
Porque el arte tiene la capacidad de alterar percepciones, de abrir grietas en la indiferencia. ECOCIDIO aspira a que esas grietas se conviertan en puertas: hacia el cuidado, la transformación y la responsabilidad común.



























